martes, 3 de febrero de 2026

Adiós Nebil

Al llegar a Wiesbaden tenía apenas unos centavos en la cuenta. Había pagado mi maestría trabajando para la aseguradora más grande del mundo como estudiante pero sus sueldos no reflejaban su autoproclamada grandeza. Viví por unos meses con unos locos y tras no tolerar más, me fui a un apartamento con gente aparentemente más civilizada.

Los alemanes suelen hacer entrevistas y preguntar cosas para saber si las personas con las que hablan son compatibles con el grupo que los va a recibir. Unos días después, la chica que me mostró su habitación, me comentó que había dos cuartos y dos candidatos, que debíamos decidir quién se quedaba con el balcón. Así conocí a Nebil, un chico eritreo de carácter suave y amigable. Me propuso que jugáramos básquet para disputarnos la habitación con balcón y yo en su lugar le dije que trotáramos. Ninguno aceptó. Le pregunté por qué era urgente para él dejar el lugar dónde vivía, me contó que estaba en una especie de hostea para refugiados y que quería salir pronto. Se me arrugó el corazón y le dije que tomara el cuarto.

Me cayó bien desde el principio. Tenía la mente abierta, era inteligente, escuchaba con atención, estaba abierto a la convivencia y era alguien de buen corazón. Con el tiempo sentí curiosidad y le pregunté por su historia, cómo llegó a Alemania y cómo se vinculó al programa de refugiados. Me contó que vivía con su familia en Arabia Saudita y que no se sentía cómodo en esa sociedad. Primero fue a Francia y de allí vino a Alemania. Una vez aquí aplicó al programa y les dijo- según él- la verdad de lo que lo motivó a dejar su hogar.

Me contaba que entre los refugiados él solía traducir del árabe al alemán, dado que muchos diáconos ignoraban las necesidades de algunos de ellos por no poder comunicarse en su idioma. No me adentré en su vida pero me daba la sensación que durante sus tempranos veintes había vivido "libremente" y a pesar de intentar estudiar, la sensación de tener que dedicar mucho tiempo le había hecho considerar abandonar inclusive algunos estudios técnicos.

El baño del apartamento curiosamente tenía hongos y para evitar pagar todo lo que implica reparar ese problema, decidimos pintarlo nosotros mismos. Fue tedioso e implicó viajar a almacenes e intentar dejarlo medianamente decente. Finalmente lo logramos. A pesar del resultado estéticamente desastroso, nos fue posible evitar tener que pagar los más de mil euros que eso significaría.

El tiempo pasaba y teníamos un compañero de apartamento con serios problemas psicológicos. Había perdido a su papá recientemente, su autocuidado menguaba seriamente y salvo dos ocasiones nunca lo vi limpiar el apartamento. Hice un plan de limpieza para que el apartamento tuviera unos mínimos estándares de habitabilidad pero a mí me daba la sensación de que la gente que iba y venía a menudo jugaba juegos tontos para evitar hacer su parte.

Nebil hacía lo que le correspondía si la mayoría lo hacía. Todo iba "relativamente normal" hasta que llegué de uno de mis viajes y encontré mi aspiradora dañada. Aparentemente él había entrado a mi cuarto, la había utilizado, la dañó y después botó el filtro a la basura. No dijo nada mientras yo hacía preguntas sobre lo sucedido y una vez le pregunté cortésmente de frente, lo negó todo e inclusive se enfadó. Evidentemente mintió. Me pregunté mil veces cuántas veces había estado en mi cuarto mientras yo viajaba y cuántas cosas no pudo haber tomado y husmeado mientras lo hacía. No le dije nada a la arrendadora pero las cosas cambiaron para siempre.

Durante los últimos meses sólo nos saludábamos. Me parecía que torpemente quería sacar ventaja de la gente a través de juegos y mentiras. Soy colombiano, tengo un doctorado en eso, entonces le cogí fastidio. A pesar de su inteligencia para cosas del diario vivir había desarrollado una cierta torpeza. Dejaba agua sobre el suelo de madera hasta que las tablas se hincharon. Dejaba quemar los alimentos en el horno. En general tenía descuidos que son extraños para alguien que va a cumplir treinta años en tres meses. 

Pensé que sus comportamientos se debían a que había terminado con su novia ucraniana (también refugiada y adicta al cigarrillo). De las pocas buenas decisiones que tomó fue hacer un Umschulung en Tecnologías de la Información. Justo inició sus estudios después de su fracaso amoroso. Tras la ruptura vi varias mujeres en su terraza, algunas quizás probando las drogas que ofrecía. Lo vi invitar a su habitación tres chicas diferentes y me di cuenta la manera en la que la mayoría de los hombres juega cuando no está disponible sentimentalmente. 

Le admiré siempre su capacidad de hacer amigos, de traer gente nueva a su cuarto y con su amabilidad forjar nuevos amigos que lo protegían y acompañaban a lo largo de la vida. Tardo más en confiar en los demás y abrir mi corazón.

Durante las últimas semanas a duras penas y nos hablábamos. Ni siquiera socializó con el nuevo compañero de apartamento. Una parte de él ya estaba fuera y una parte de mi quería que se marchara.

El 31 de enero lo vi desocupando su cuarto. Su amigo sirio le ayudaba a transportar los muebles. Miré por el hoyo de mi puerta y de repente alguien golpeó. Fingí dirigirme a la puerta, encender la luz y luego abrí. Se despidió de mí. Me deseó lo mejor y yo a él. No sé qué tan sincero fue pero me dio la sensación de que por alguna manera y a pesar de todo, nos teníamos afecto. Se fue y creo que será mucho más feliz viviendo con un amigo ¿no es lo que buscamos todos?

Hoy vi el techo del baño que en su momento reparamos juntos y sentí tristeza, que lo iba a extrañar. Espero sea feliz.



martes, 20 de enero de 2026

Hospital de Primavera

 



Hay 55 ríos que conducen a su casa.

queda al sur para que en invierno no le haga frío

y no deba pedirle a un desconocido que abrigue su piel.

Camina las calles dónde besó por primera y última vez.

Para su sorpresa, no recuerda el primero,

solamente el último en el hospital de primavera.


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lunes, 12 de enero de 2026

Las Cosas A Temer

De niño temía que me abandonaran,

me daba pavor la oscuridad

y la ira de mi padre.

Los monstruos eran humanos.


Luego crecí y le temía a las sectas,

a los sacrificios humanos,

a los personajes de terror,

a que supieran que yo era gay.

Mi mente era el infierno.


De adolescente temía que mamá muriera,

perder un año,

sufrir un accidente.

En el mundo ya no existía Dios.


De joven temía perderme,

inclinarme de nuevo a la gravedad del sistema,

a renunciar a quién era yo.

Mi familia era una cárcel.


De adulto he temido fracasar,

envejecer solo,

ya no me aterra la oscuridad.

Ya no hay humanos que me puedan lastimar.

Me construí a punta de retazos de mí mismo.

Sin percatarme del peligro de la soledad.

El desierto era yo mismo.