domingo, 10 de mayo de 2026

La Piel del Otro

La vida del mendigo

como la del rey

oculta la pregunta

sobre la piel del otro.


¿Quién la acaricia?

¿Quién la besa?

¿Qué padece?

¿Cómo vibra?

¿Qué la eriza?

¿Qué temblores oculta?


Y bajo esa incógnita

está la llave de otros mundos

que obligan a abrir el corazón

a concebir la primavera,

los monsones de la India,

los cóndores de los Andes,

el susurro de una madre,

la traición en las esquinas oscuras,

el andar meditabundo del ladrón,

las ojeras del gerente,

los pasatiempos del depresivo,

las fiestas coloridas de las drag queens,

los rayos resplandecientes que golpean la cara del piloto,

los trineos arrastrados por el perro casi retirado,

los mareos en el crucero,

el hambre en las calles.


¿Y de qué sirve ese otro oculto

si perseguir ilusiones es lo que se nos enseña?

¿De qué sirve lo que vibra, 

lo que tiembla  

y lo que se eleva

si nos miden por las comas y los puntos 

de una hoja de vida?

Si al final somos recordados

por las pieles y los territorios

que habremos explotado.


¿Qué es el futuro si no reinterpretar

las directrices de voces autoritarias?

¿Y qué es una revolución

si no tocar otras pieles

y vibrar al son de esas cosas que nos erizan?

¿No tiene significado romper los moldes

en tiempos en los que nos vierten 

cemento en el alma

y nos piden que demos las gracias?


Quiero un siglo de luces,

de capullos de mariposa,

de luciérnagas tímidas resplandeciendo en la penumbra.

Quiero ríos alebrestados

inconformes con todas las respuestas,

llenos de peces,

de incertidumbre

y siempre abriendo nuevos senderos en la piel de la tierra.

Quiero cielos infinitos,

inabarcables,

inconquistables

y por ende libres.

Quiero palabras

que recuerden que fueron humanas

antes de precisas.

Quiero ciudades

que nos pierdan

y nos obliguen a buscar

caminos al alma.

Laberintos

que nos recuerden que la vida también es un juego.




viernes, 1 de mayo de 2026

Tengo Miedo

 Comienzo este post diciendo que una vez más tengo miedo. Esta vez a estancarme en la vida. Y es que después de tantas luchas, del estrés de una migración, de lo que implica estar lejos de casa, de luchar contra autoridades migratorias lentas e inhumanas, de lidiar con compañeros de apartamento idiotas, de tener que enfrentarme a colegas que creían poder hacerme torcer el brazo por tratarme mal o intentar extorsionarme, siento que me faltan fuerzas para el próximo paso.

Tengo que vivir solo, de otra manera no tendré paz. Este mes rechacé un apartamento aparentemente perfecto frente a una transitada calle de Wiesbaden. Por esos días mis pulmones andaban muy mal y aún así fui a dar la lucha. A la hora de decidir se me aceleró el corazón y mi mente se volvió un ocho. Vi unas cláusulas de aumento del arriendo por encima de la inflación y lo dejé tirado. No quise negociar.

Estos días una headhunter del Reino Unido me contactó para un puesto como inspector senior de commodities. Insistió, fue amable, me ayudó. El salario era grande pero no me convencía trabajar con minerales que sé que causan dolor a tantas comunidades durante su extracción. Aun así apliqué, me preparé para la entrevista y la tuve ayer.

La entrevista fue rara. El gerente está en Reino Unido y la coordinadora en Alemania. La multinacional no tiene oficinas en Alemania, ni laboratorio, ni nadie a quién decirle nada. El trabajo implica estar todos los días en refinerías que están a una hora de mi casa y fuera de eso debo apoyar a los junior. Sería una extrañísima combinación de gerente y muestreador al mismo tiempo. 

Los peros en mi mente saltaron a la vista. Un cargo bien pago pero sin auto de la compañía, cero apoyo en Alemania, un cargo cuasigerencial en una industria que me resulta cuestionable, una coordinadora que me dice en la cara que no tendré oportunidades de crecer, gente que no se leyó mi hoja de vida son algunas de las banderas rojas que me generaron ansiedad.

Ansiedad, ansiedad, ansiedad, miedo, palpitaciones, sudor en las manos, pensamientos, muchos pensamientos. Así me pasa cuando debo decidir algo que no es claramente ventajoso para mí. 

La headhunter me contactó y le dije la verdad. Unas horas después me pidió una respuesta definitiva y pasó lo que siempre pasa cuando me presionan. Dije que no. Y la verdad es que me salvé de tres meses de estrés extremo, intentando hacer cambios para que mi vida se vea más clara.

Después de eso se me pasó el estrés. Creo que tomé la decisión correcta. Me queda el sinsabor que no soy más feliz y que tarde o temprano volveré a una cotidianidad que no me gusta tanto pero que con sus inmensos defectos, me ofrece algo que he tenido pocas veces en los últimos años: Estabilidad.

Las autoridades migratorias y el papeleo alemán me impidieron cambiar de empleo por tres años y la maldita nacionalidad que llevo esperando más de un año, me forza a pensar mis decisiones varias veces. Debo demostrarle a las autoridades que no vivo de seguridad social y que estoy libre de delitos. Una vez con ese papel en las manos me puedo ir a cualquier otro lugar.

Curiosamente el lugar que añoro se llama hogar. Y mi hogar aún no existe. Amo a mis papás pero en casa no siempre tuve el afecto, ni la comprensión y no siempre fui tratado con respeto. Colombia es tradicional hasta el tuétano frente al tema de la homosexualidad y Alemania es racista aunque lo niegue con todas sus fuerzas.

En el lugar que llame casa -que aún no existe- no estaré solo, ni vulnerable, ni abandonado, ni confundido. En ese lugar estaré rodeado de gente que me ama y jamás deberé fingir ser alguien más. Ese lugar, supongo que se construye. Supongo.

viernes, 10 de abril de 2026

Mar de los Sargazos

 En la universidad tenía un profesor ácido e inteligente, medio de derechas y bastante insolente. Alguna vez nos explicó que en el Atlántico había una corriente del Mar de los Sargazos. Si los barcos que iban de Europa a América la tomaban, podían perecer.

Contrario a lo que la mayoría pensaría no era una corriente violenta e intempestiva. Era tan tranquila que los buques se quedaban atrapados por días o semanas enteras. Eso sumado a la gran cantidad de algas, brindaba la sensación de que estaban atrapados.

En este momento de la vida me siento en el Mar de los Sargazos. No sé qué paso dar para seguir creciendo y no sé cómo dirigirme hacia una vida más tranquila. Y en ese juego de quietud, creo que me estoy quedando atrapado -días o semanas, rodeado de algas-.

Llevo ya un buen tiempo en mi trabajo y aunque agradezco que es estable, me siento agotado de viajar tanto, de tener que hacerle el trabajo a colegas vagos que sólo se la pasan hablando en reuniones y hacen poco, básicamente porque no se les antoja. En esos casos el buen extranjero asume el peso y este extranjero que escribe, ha tenido una gripe durante varias semanas. Es el cuerpo que me reclama mis abusos y exceso de compromisos.

Aunque he logrado hacer amistades verdaderas, me sigo sintiendo solo y mis compañeros de apartamento no son compañía. Me caen bien, son gente linda pero no me veo contándoles mi vida. 

La Encrucijada

Hace poco apliqué a la nacionalidad alemana y dada la profunda e ineficiente burocracia teutónica, eso tarda hasta dos años. Eso quiere decir que no puedo dejar el país, a pesar de que he vuelto a sentir que quiero respirar un nuevo aire.

Quisiera dejar de ser auditor y a veces me he planteado hacer un doctorado pero hacerlo, podría afectar el proceso de nacionalización dado que un estudiante no siempre cotiza completamente seguridad social.

También he considerado cambiar de empleo. Algunos de  ellos se encuentran en otro Estado federado. El problema es que si cambio de Estado, mi expediente cambia de autoridad y si cambia de autoridad, podría tardarse mucho más.

El Verdadero Problema

A partir del problema que tuve con un auditado en la frontera con Suiza (Radolfzell), en el después de una auditoría me acusó de acoso laboral por escribirle una no conformidad y que me obligó a denunciarlo por extorsión, me pregunté si quería seguir en esto. Es decir ganando lo que gano por el estrés que llevo.

Además, me pregunto si realmente me apasiona andar viajando y escribiéndole pendejadas a la gente que de antemano saben que deben hacer bien. 

Lo mío era la ciencia y la ingeniería o la política pública y las tres cosas me fueron esquivas. Para seguir estudiando la vida me puso mil obstáculos, sin mencionar lo traumática que fue la migración. En mis trabajos siempre me tocó dedicarme a temas de calidad, ambiente, salud ocupacional o auditoría. En temas de política pública intenté luchar por una política nacional de laboratorios que se derrumbó cuando me fui de Colombia.

Me gustaría poder tener mucho dinero para no tener que pensar en él y poder dedicarme a escribir un bonito libro en el café más cercano a mi casa. Ya veremos en qué termina esta locura.

Das Leben geht weiter.