viernes, 1 de mayo de 2026

Tengo Miedo

 Comienzo este post diciendo que una vez más tengo miedo. Esta vez a estancarme en la vida. Y es que después de tantas luchas, del estrés de una migración, de lo que implica estar lejos de casa, de luchar contra autoridades migratorias lentas e inhumanas, de lidiar con compañeros de apartamento idiotas, de tener que enfrentarme a colegas que creían poder hacerme torcer el brazo por tratarme mal o intentar extorsionarme, siento que me faltan fuerzas para el próximo paso.

Tengo que vivir solo, de otra manera no tendré paz. Este mes rechacé un apartamento aparentemente perfecto frente a una transitada calle de Wiesbaden. Por esos días mis pulmones andaban muy mal y aún así fui a dar la lucha. A la hora de decidir se me aceleró el corazón y mi mente se volvió un ocho. Vi unas cláusulas de aumento del arriendo por encima de la inflación y lo dejé tirado. No quise negociar.

Estos días una headhunter del Reino Unido me contactó para un puesto como inspector senior de commodities. Insistió, fue amable, me ayudó. El salario era grande pero no me convencía trabajar con minerales que sé que causan dolor a tantas comunidades durante su extracción. Aun así apliqué, me preparé para la entrevista y la tuve ayer.

La entrevista fue rara. El gerente está en Reino Unido y la coordinadora en Alemania. La multinacional no tiene oficinas en Alemania, ni laboratorio, ni nadie a quién decirle nada. El trabajo implica estar todos los días en refinerías que están a una hora de mi casa y fuera de eso debo apoyar a los junior. Sería una extrañísima combinación de gerente y muestreador al mismo tiempo. 

Los peros en mi mente saltaron a la vista. Un cargo bien pago pero sin auto de la compañía, cero apoyo en Alemania, un cargo cuasigerencial en una industria que me resulta cuestionable, una coordinadora que me dice en la cara que no tendré oportunidades de crecer, gente que no se leyó mi hoja de vida son algunas de las banderas rojas que me generaron ansiedad.

Ansiedad, ansiedad, ansiedad, miedo, palpitaciones, sudor en las manos, pensamientos, muchos pensamientos. Así me pasa cuando debo decidir algo que no es claramente ventajoso para mí. 

La headhunter me contactó y le dije la verdad. Unas horas después me pidió una respuesta definitiva y pasó lo que siempre pasa cuando me presionan. Dije que no. Y la verdad es que me salvé de tres meses de estrés extremo, intentando hacer cambios para que mi vida se vea más clara.

Después de eso se me pasó el estrés. Creo que tomé la decisión correcta. Me queda el sinsabor que no soy más feliz y que tarde o temprano volveré a una cotidianidad que no me gusta tanto pero que con sus inmensos defectos, me ofrece algo que he tenido pocas veces en los últimos años: Estabilidad.

Las autoridades migratorias y el papeleo alemán me impidieron cambiar de empleo por tres años y la maldita nacionalidad que llevo esperando más de un año, me forza a pensar mis decisiones varias veces. Debo demostrarle a las autoridades que no vivo de seguridad social y que estoy libre de delitos. Una vez con ese papel en las manos me puedo ir a cualquier otro lugar.

Curiosamente el lugar que añoro se llama hogar. Y mi hogar aún no existe. Amo a mis papás pero en casa no siempre tuve el afecto, ni la comprensión y no siempre fui tratado con respeto. Colombia es tradicional hasta el tuétano frente al tema de la homosexualidad y Alemania es racista aunque lo niegue con todas sus fuerzas.

En el lugar que llame casa -que aún no existe- no estaré solo, ni vulnerable, ni abandonado, ni confundido. En ese lugar estaré rodeado de gente que me ama y jamás deberé fingir ser alguien más. Ese lugar, supongo que se construye. Supongo.

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