lunes, 14 de agosto de 2017

Verano - J.M Coetzee (14/100)

Verano relata la travesía de un biógrafo inglés que desea escribir sobre la vida de Coetzee durante uno de sus períodos de vida ignorados por las masas. Antes de ser famoso, las amantes del escritor no solían percibirlo como un modelo masculino, más bien ocupaba el lugar de un ser desconectado de su cuerpo y abandonado a vivir con su padre.

El ejercicio periodístico, se ejerce a través de personas que conocieron al escritor. Julia, una mujer casada, que en búsqueda de reconstruir su amor propio y superar las infidelidades de su marido, comienza a acostarse con el objeto de la investigación. Ella, de lengua afilada y palabras pragmáticas, no duda en burlarse de él. Especialmente de sus experimentos eróticos en los que pretende tener sexo al ritmo de Schubert. Y le es inevitable sentir cierto desprecio por la condición de Coetzee: Un adulto que vive con su padre y que pretende, día tras día, ponerle hormigón a su casa agoterada. Al final, simplemente sale de su vida. Y en palabras de ella, sólo fue parte de su historia pero ningún elemento principal.

La historia prosigue con Margot, la prima del escritor, que vive en el campo y está casada con un hombre que la ama. Pero su vida se reduce a atender un hotel y dormir sola, mientras su esposo se dedica a sus labores, hasta que durante un tiempo reducido pueden volver a verse rutinariamente. Ella nota que los Coetzee tienen personalidad de fracasados. Se suelen entregar a una visión adormilada de la vida. Los dos personajes caminan y recuerdan cuando jugaban a casarse. Coetzee decide pasear  en su auto con su prima con tan mala suerte que el auto se avería. Duermen juntos, sin el amparo del sexo. Al final de su relato, ella debe llevar a su madre enferma a Ciudad del Cabo y ver cómo los no blancos cuidan de ella. Es conmovedor cuando a nombre de su raza les pide disculpas.

Adriana, brasileña y madre de una alumna de Coetzee no duda en describirlo con dureza. A raíz de las necesidades de refuerzos de su hija menor, decide contratar un profesor. Sin embargo, no es inglés y eso le causa reparos. Con el agravante de que le enseña a su pequeña poesía y quizás, la está enamorando. Lo que no se espera es al torpe Coetzee en su clase de danza, acechándola como una criatura incapaz de comprender la necesidad de simbiosis en el amor. Sorprendido por su desprecio, no se rinde y le envía cartas continuamente. Un día, Adriana decide terminar todo y liberar a su hija del peligro. Y ella descubre las cartas guardadas de su madre que asume como una correspondencia sentimental.

Martín, colega del escritor y Sophie, amante del mismo, permiten descubrir la faceta ideológica. La percepción idealizada de los negros, como seres aristotélicamente en armonía con elespíritu y el cuerpo. También permiten evaluar las curiosidades de un escritor, por ejemplo, que la importancia de los elementos de su realidad no necesariamente se reflejan en su mundo literario. Sophie confirma la humanidad y la pequeñez de su compañero de sábanas.

Comparar no es bueno. Lo sé. Pero me fue inevitable sentir similitudes con "La Historia Siguiente" de Nooteboom, especialmente en la construcción del personaje: Un ser cómico, hiperintelectual, desapegado de su cuerpo y algo torpe en el terreno sentimental. No califiqué muy bien este libro en Goodreads pero debo decir que tiene elementos fascinantes sobre la cultura sudafricana. Por ejemplo, cuando la mujer inglesa describe a los afrikaaners como una tribu de niños protegidos por esclavos negros, la visión ideal de los holandeses sobre el mestizaje brasileño o el afecto profundo que siente Margot por los no blancos, cuando cuidan a su madre enferma.