El ermitaño es la carta número nueve del tarot. Antes del carro y después de la fuerza; todos estaban acompañados, se recostaban en el hombro del otro, se acariciaban. Inclusive un grupo de tres estudiantes apoyaba a su compañera por si las cosas salían como las temían. Por otro lado yo estaba sentado y en ese instante deseé tener alguien a mi lado apoyándome, abracé mi maleta y saqué la fortaleza que no tenía, me entregué a la rueda de mi vida. Mientras me alejaba de ese lugar el cielo andaba encantado... pronto saldría el manto estelar, veía mi reflejo en cristales que pasaban a toda velocidad. Y junto con la soledad que cargaba en aquel instante dejé de sentirme víctima de mis circunstancias, mientras que por un instante salió una palabra de valor de mis labios, casi una declaración de libertad que duraría seis años en ser capaz de pronunciar: "hasta donde ha llegado todo esto, sólo porque no me ames no me voy a morir ¿dónde queda mi amor entonces? de él también puedo vivir" el edificio naranja, guardián de mi historia escuchó mi declarición la cual iba a menos de 80 Km/h.
lunes, 8 de marzo de 2010
sábado, 6 de marzo de 2010
A veces
Una bolsa de plástico majestuosamente se elevaba sobre la ciudad. Los platos de los restaurantes eran blancos. El centro lleno de la polución de siempre, de corazones rotos, de insultos, de mendigos, de cementerios, de tristezas y de secretos. Él como siempre, caminaba sin darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor, era más de lo mismo.
Nunca nos cuestionamos en la vida hasta que una bolsa pasa por nuestro cielo... sus ojos absortos se llenaron de ese reflejo azul que viola las normás de lo humano. La calle se movía al ritmo del tacto. Cuando de repente debido a su encuentro con el ave de plástico chocó con una mujer que llevaba paquetes enormes, ella efurecida gritaba todo tipo de maldiciones, él, sólo veía sus labios moviéndose al ritmo de las melodías electrónicas que retumbaban en su cabeza.
Recogió los paquetes se los dio a la mujer, poco a poco se desvaneció con el rugir de los buses.
-¿por qué vuelas y te vas?-dijo.
Al otro lado de la ciudad un gatito enfrentado a su plato de leche, tenía sólo segundos para robarlo y salir ileso de aquel club social donde criaturas bipedas se reunen a arrugar su cara, perdón, a reirse y pasarla bien. Saltó y en un momento de mala suerte cayó sobre el plato, lo que le costó los gritos de las cocineras, asustado salió disparado hacia el refugio más cercano.
-¿por qué te acercas?- dijo.
Por otro lado en la zona oscura del techo de una universidad un elfo le susurraba a otro al oido:
porque te amo...
En el mundo se descubren muchas cosas.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Batalla de flores.
El mundo hay días en los que la vida parece de hierro, el aire se vuelve seco y aplasta. El cuerpo tiende a caer, la neblina cubre nuestros pensamientos y el pecho se nos enfría.
Por más de que se luche, se cae y se cae con dolor. Quizás hay otra forma de luchar, una forma más delicada sútil, llena de misterio y preguntas, un camino sin seguridades más que la aventura. Las flores tan frágiles y regaladas, han sido cortadas por siglos, más nunca desaparecidas, son ejemplo del verdadero poder.
Nuestra fragilidad se llena a lo largo de las noches de rocío, crecemos lentamente hasta caer. Para volver a nacer... para nacer de nuevo y entregarnos sin pensar en nada. Entregarnos lentamente al mundo que nos venció, caer levemente hacia la tierra y vencer, vencer como sólo lo hace la mirada femenina del cosmos.
Hay una forma de vencer al hierro, hay una forma de vencer al cuerpo y a la gravedad, se llama influencia, se llama dulzura, se llama sentimientos, por eso las flores caen. Porque tienen la batalla asegurada inclusive después de muertas.
Las estrellas tan chiquitas, tan titilantes, que parecen un susurro. Son titanes, titanes de fuego capaces de alimentar sistemas intergalácticos, eso son las estrellas, titanes que susurra.
Por eso hoy, si has sido derrocado, si perdiste la esperanza. Te invito a susurrar, como los verdaderos titanes.
Por más de que se luche, se cae y se cae con dolor. Quizás hay otra forma de luchar, una forma más delicada sútil, llena de misterio y preguntas, un camino sin seguridades más que la aventura. Las flores tan frágiles y regaladas, han sido cortadas por siglos, más nunca desaparecidas, son ejemplo del verdadero poder.
Nuestra fragilidad se llena a lo largo de las noches de rocío, crecemos lentamente hasta caer. Para volver a nacer... para nacer de nuevo y entregarnos sin pensar en nada. Entregarnos lentamente al mundo que nos venció, caer levemente hacia la tierra y vencer, vencer como sólo lo hace la mirada femenina del cosmos.
Hay una forma de vencer al hierro, hay una forma de vencer al cuerpo y a la gravedad, se llama influencia, se llama dulzura, se llama sentimientos, por eso las flores caen. Porque tienen la batalla asegurada inclusive después de muertas.
Las estrellas tan chiquitas, tan titilantes, que parecen un susurro. Son titanes, titanes de fuego capaces de alimentar sistemas intergalácticos, eso son las estrellas, titanes que susurra.
Por eso hoy, si has sido derrocado, si perdiste la esperanza. Te invito a susurrar, como los verdaderos titanes.
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