
Degas, Edgar. Tras el baño, mujer desnuda secándose la nuca. Musée D'Orsay, París.
Lo que más me gusta de Degas son los cuadros que pintó al final de su vida. Algunos lo acusaron de misógeno y machista, en el fondo creo que su feminismo, o mejor dicho, defensa de la mujer, iba a límites que los demás no entendían. Con el paso de los años he comprendido que tardar unos minutos más en la cama, dejar que el agua tibia recorra el cuerpo, o simplemente consentir el alma, es un acto simple y valioso.
Reconocer el cuerpo, con todo lo que la sociedad ha decidido llamar vergonzoso o inaceptable, es una muestra de madurez y respeto a la propia existencia. Dotar de inocencia al placer que explora y experimentam es un grito de libertad. Recorrer con las manos los poros, examinar los rincones y llenar recuerdos y soledades con una pequeña brisa... Es un acto de grandeza.