lunes, 18 de mayo de 2015

Angelitos Empantanados - Andrés Caicedo (23/50)


Andrés Caicedo es de esos autores que odié en mi adolescencia y tras recoger sus cenizas, puedo decir que tenía talento. Me disgustaba que se sintiera rebelde sólo por escribir acerca de los granos, de hacer escenas en las que defecar o tener mal aliento fuese protagónico. 

Mi hermano, que tuvo una banda de rock, como todos los adolescentes libertarios y entregados a la causa, lo idolatraba. Decía que le recordaba muchas historias de su vida. En su biblioteca reposa un libro llamado "Ojo al Cine", una suerte de compilado, posturas y enseñanzas sobre el séptimo arte.

Hablo del cine porque creo que el talento de Caicedo reside en invocar recursos de la cinematografía, en textos que aunque le duela en su tumba, son muy elaborados. 

Angelitos empatanados, o historias para jovencitos, es un libro sobre el amor y las pulsiones de la adolescencia, desarrollado en Cali. Está escrito a cuatro voces, la primera de ellas un estudiante del San Juan Berchmans que tras disfrutar revista pronográficas, descubre el disfrute y la tortura del amor.

Angelita Rodante, es hermosa y juguetona. El personaje mencionado en el primer capítulo, cae perdidamente enamorado tras verla en un bus. Una vez rechazado, decide dejar de ir al colegio y refugiarse en la soledad. Su padre lo lleva a una finca, donde Andrés Caicedo, hace gala de los elementos sonoros que importa desde el cine. Durante una jornada en la que está tendido el personaje sobre una rama, escucha un estruendo que golpea las hojas, que se acerca a toda velocidad y no es otra cosa más que la lluvia.

Angelita tiene problemas para levantarse en las mañanas, como yo. Tiene un hermano que no es hermoso y vive encerrado, le dicen Carevaca y le tiene pavor al Barón Jiménez. Ella se enamora de Miguel Ángel, un joven que conoce a las afueras de la ciudad. Angelito, o Miguel Ángel, se enamora de Berenice, una prostituta que lo enloquece. Se acuesta con ella y luego invita a sus compañeros para que sea algo colectivo.

En el último capitulo, a raíz de una sala de cine en los tugurios de la ciudad, Angelita y su novio conocen a dos maleantes. Ella les habla de botánica. Uno de ellos la besa, con un aliento proveniente desde lo más burbujeante del averno y ella lo rechaza. El sujeto la mata.

El cobarde de su novio se refugia, sin embargo lo alcanzan los maleantes borrachos, asustados porque han pedido una recompensa por sus cabezas.

Se trata de una obra escrita de manera limpia, destacan los elementos sonoros y los sentimientos profundos de los adolescentes. Conforta saber que Caicedo no sólo se quedó en temáticas de jovencitos. De hecho, en más de una ocasión, cita autores "universales". No cabe la menor duda que era un amante entregado a Édgar Allan Poe.

4 comentarios:

ke dijo...

Corrían otros días. Yo leí la primera edición de 'Que viva la música' en Cali, sin haber formado parte del grupo que lo conoció en persona. ¡Fué un totazo! Ese libro y una exposición de tres artistas cambiaron toda mi perspectiva de vida. Caicedo y los artistas enfocaron sus cámaras, letras, pinceles, lápices a un lado al que nunca se habían dirigido antes otros en Colombia. Lo leí como veinte años después y claro, fue como un recuerdo de adolescencia, aunque no por eso dejé de sentir su fuerza.
(En la época me lo leí todo)

Vicky dijo...

Ke, tener tu experiencia es muy valioso. En aquellas épocas en las que la literatura se había hecho ociosa y tendía a lugares comunes como plazas de mercado, prostíbulos, árboles con flores y cementerios, escribir sobre la juventud era darle fuerza a otra generación.

Su propuesta, sin duda alguna interesante, creo que es valorada por sus temáticas, más que por sus recursos. Y en mi opinión, su genialidad estaba en la narrativa y en ese dejo de cineasta que permitía apreciar la evolución del sonido como algo ajeno y que luego te envuelve.

Lástima que se haya suicidado; sin embargo, murió en su ley.

Saludos!

CrisC dijo...

La adolescencia siempre fue un objeto especial en la narrativa libresca o cinematográfica, quizás porque ahí toma forma lo que siempre seremos, quizás porque es un arquetipo.

Vicky dijo...

Crisc, la adolescencia es el momento de abandonar las preguntas universales y sumergirse en las preguntas sobre lo humano.