miércoles, 12 de marzo de 2014

Dominic

Sus ojos azules y su timidez tan atípica en el mundo gay me llamaron la atención. Pedí un jugo y él un café, tinto le decimos aquí. Él me hablaba de Berna, sobre sus pasatiempos como el karate. Yo le hablaba de Bogotá y las locuras de mi nación tropical. Migrábamos del inglés al español y visceversa; no lo notábamos. Se reía y gesticulaba como un niño chiquito, algo que me pareció poco común.

Caminamos unas cuadras y en la carrera séptima que parece una serpiente monstruosa, esperé a que cogiera un biarticulado. Nos dimos la mano y nos despedimos; su avión despega a Suiza a las 6:30. Algo extraño ocurrió, no sé si fue su timidez, su aspecto dulce y cordial, tan atípico en los colombianos lo que lo causó. Cuando me despedía, sentí tristeza, sentí que extrañaba a ese casi desconocido. Quizás yo sea sólo un resplandor en su sucesión de días en el corazón del continente frío, un destello. Adiós Dominic.

sábado, 8 de marzo de 2014

El Zoológico Danés

En el zoológico danés hay unas criaturas de dos patas que les gusta el arroz y el azúcar. Todo el tiempo tienen sexo, tienen dos ojos, una nariz y dos orejas. Su piel varía del negro al blanco. Sus ojos pueden ser azules, verdes, marrón o grises. Son mamíferos.

En el zoológico danés hay una política que dice que los genes de aquéllos individuos que no puedan subsistir deben ser eliminados. En principio dijeron que la hembra de la especie era inútil, sin embargo comportamientos extraños los llevaron a pensar que quizás no era buena idea. Luego insistieron en aniquilar a los de piel marrón; sin embargo tras pensarlo con cuidado, concluyeron que sería mejor asesinar a los de piel negra. Tras ver la capacidad de concepción de las mujeres, la capacidad física de los negros y la organización de los morenos el zoológico ha decidido asesinar a aquellos discapacitados o carentes de las habilidades cognitivas que según ellos se requieren para vivir.

Para evitarles el dolor a los bípedos, han organizado un festín alrededor de la matanza donde se les enseña a los niños las políticas de conservación de los individuos más aptos.

El zoológico danés es muy civilizado, muy darwinista... Muy inhumano, porque lo dirigen jirafas.

ME OPONGO AL ASESINATO DE MARIUS

martes, 4 de marzo de 2014

Espíritus Trasnochados

Los ves con ojeras, se han reventado el coco pensando si quizás el gusano es socrático o meramente un resplandor de la vida. Pobres de ellos. Sabían mis ancestros que la cura para la locura era la soledad y el corazón espeso de la naturaleza. Los grises están rotos, infrascritos en algún cuerpo arrebatado; sin ganas. Los ves caminando por el centro o por alguna plazoleta de centro comercial anacrónico. Jirones de mejores vidas, de sueños... Caminan.

Y la ves a ella, increíblemente bella, de perfil griego, sonrisa suave y ojos hundidos. Lo ves acercarse, titubear, mentir y reír. La ves a ella: simple y maravillosa; lo ves a él: frustrado y creativo. Pasan los días en una ciudad complicada: lluvias con granizo, perros que hacen popó en los parques, niños que juegan y cometas enredadas en los cables de luz.

Nuevamente se encuentran, qué coincidencia, entre todas las calles, carros y espasmos de ciudad, justo en ese segundo y lugar se vuelven a ver. Se siente electricidad: se ríen, cuchichean y juegan. No hay más o menos aire en la ciudad, simplemente se les dio la gana de ser felices. Lo ves pedir su teléfono, ella lo anota sobre su brazo. Fue un pecado mortal; ha llovido... Lo ves confundido al mirar su brazo tatuado con una mancha ilegible. Rostros y siluetas antropomorfas se agolpan a su alrededor; está en ese estado en el que los sonidos se amplifican y los ojos se concentran en un sólo punto, aun sin ver nada.

Pasan los días: llueve y hace sol; amanece y anochece; los buses y los miserables; el centro y la 72; andenes y ratas; periódicos y noticias; solsticios y equinoccios; hierba y popó de perro. Lo ves en una esquina, busca en un directorio. Intenta recordar esos pequeños detalles que podrían resolver el enigma; sin embargo, esta vez las calles y las carreras de esta monstruosa ciudad no han planeado otro encuentro. 

Él sube la mirada, está ojeroso, barbado y con semblante gris; está roto e infrascrito en algún cuerpo arrebatado. Mientras tanto, ella camina, se muere, se casa, se divorcia, roba, ayuda a una fundación, es secuestrada, sale del país, cambia de sexo, duerme, se droga, se vuelve millonaria o simplemente busca en un directorio con esperanzas de recordar detalles que la lleven a resolver su enigma.