domingo, 4 de agosto de 2024

Una Vida en Contra de lo Normal


Hay una serie de datos que la mayoría de estadísticos deben considerar: Los que están fuera de lo común. Pueden ocurrir por errores sistemáticos o aleatorios, o porque los humanos aún no explicamos bien el mundo, especialmente cuando se trata de fenómenos fuera de lo común. La curva normal en sí misma busca explicar tendencias que le ocurren a la mayoría de los individuos o casos estudiados pero ¿qué hay de aquéllos que se desvían de la tendencia? ¿No son importantes?

Mi pequeña vida académica la dediqué a datos fuera de lo común. Quizás porque yo mismo me sentí siempre como alguien que no encajaba bien en los moldes de este mundo. Y a mis 32 puedo decir que por más cool que pueda parecer, es un reto pertenecer a los extremos de la curva de la normalidad. Es decir, a ese pequeño grupo de criaturas que estadísticamente hablando no son normales.

En mi pregrado estudié los transientes hidráulicos que no son otra cosa que los cambios súbitos de presión debido a cambios de flujo. Ocurren a diario y destruyen grandes tuberías pero no siempre se les presta atención. Son tan interesantes que el agua "cavita". Es decir, debido a las bajas presiones que se dan por unos cuantos segundos, el agua genera burbujas de gas y luego, cuando la presión sube, las burbujas se vuelven líquidas e "implosionan". De ahí que algunos tubos de metal se contraigan como una botella de agua cuando es transportada en avión. 

Más tarde durante mi maestría estudié los vientos extremos causados por huracanes. Dadas las condiciones extremas en las que se producen los ciclones, es común que induzcan vientos con magnitudes que no pueden ser explicadas por la meteorología común y corriente. Estos vientos deben ser simulados con teorías "fuera de lo común" o mis distribuciones estadísticas favoritas, es decir, las que se dedican a los valores extremos. Son estos eventos los de mayor importancia en lo que se refiere a catástrofes naturales. Estamos obligados a entenderlos, por más que nuestra noción del mundo adore la estabilidad de la información.

En cuanto a mí, también estoy en las colas de la curva de Gauss. Soy homosexual pero además desde muy temprano me reconocí como alguien de género indefinido. Eran tiempos en los que no estaba de moda y en los que no había palabras que me definieran. Mi manera de aprender era diferente a las de los demás chicos. Me costó aprender a amarrarme los zapatos y a escribir, odiaba leer y las matemáticas no eran lo mío. Era curioso e inquieto; sensible y levemente cruel; me identificaba con hombres y con mujeres; odiaba el jamón en la pizza hawaiana y me gustaba bailar; detestaba el fútbol y me gustaban las muñecas; amaba los atardeceres y me entristecía la aurora; miraba a la luna desde que tengo memoria; me entristecían los animales y habitantes de calle, y busqué poco la riqueza de mis amigos; se me facilitaba expresar la ira pero no siempre el amor.

Si pudiera viajar en el tiempo, me gustaría cuidar a ese niño que fui de mil formas, de tantas injusticias, de una familia ultra conservadora y decirle que así como existen personas como ellos, como el resto, existen personas como nosotros y que eso está perfectamente bien, que hay datos fuera de lo común que son perfectamente naturales y que le dan sentido al resto del mundo "normal" y que permiten que estructuren sus normas. Le explicaría que fallan los modelos humanos en explicarlo todo y que es precisamente la ignorancia la culpable de no entender los "outliers". Le pediría que fuera valiente y que se mostrara tal como es, sin ocultar absolutamente nada. Le pediría que disfrute más la vida, que haga lo que le gusta sin importarle los demás. Que viva su vida, así no sentirá de adulto que le robaron la mitad de su existencia. Le suplicaría que no se aleje de las mujeres para probar su masculinidad y que si quiere enamorarse de otro niño, tome el riesgo. Lo abrazaría, le acariciaría el cabello y le diría que todo en él es perfecto.

 



jueves, 1 de agosto de 2024

Al Otro Lado del Rin

 Nunca pensé vivir en el corazón de Europa, mucho menos al otro lado del Rin. Al otro lado del Palatinado y a pesar de mis publicaciones lisonjeras, debo decir gracias. Agradezco el sol del verano y haber podido estudiar, poder viajar, poder contar con mis cinco sentidos y disfrutar la experiencia de este mundo. Y a pesar de los comportamientos tontos de mis colegas, también doy gracias por mi empleo, que me ha permitido cumplir algunas de mis metas. Me pregunto cómo envejecerá este post y hacia dónde me guía el futuro.

viernes, 17 de mayo de 2024

Tiempos de Silencio

Llevo tiempo sin escribir en este blog porque este formato ha caído en el olvido. Ya nadie lee estos diarios personales sometidos al escrutinio público. Sin embargo, a veces siento que me hace falta. Olvidé el nombre del escritor que hablaba del síndrome de escribir. Lo describía como el impulso o el instinto de sentarse a decir algo. Supongo que me acostumbré tanto a los formatos digitales que mis diarios personales no me llenan.

En octubre cumplo cinco años en Alemania y sigo sintiéndome extraño, extranjero y vulnerable. Me he dedicado incansablemente a aprender su idioma (que es bastante complicado), a conocer su historia (que es bastante oscura); he pasado exámenes de conducción, de idiomas, miles de períodos de prueba y siento que todavía falta mucho para que llegue a sentirme en casa. Quizás este país nunca sea mi hogar. Pienso en Nabokov y su manera reticente de describir su vida mientras estuvo en Berlín. Tuvo que huir por la revolución rusa y fue parte de la gran diáspora de connacionales que se asentaron en tierras germánicas. Aquí ejerció como banquero y a pesar de haber vivido casi diez años, es raro verlo hablar de esa época de su vida.

Eliminé todas las aplicaciones de citas. Estoy agotado de los hombres psicológicamente extraños, de los tipos casados que quieren experimentar, de los que se llaman bisexuales sin serlo, de los políticos que tienen familia para aparentar, de los cantantes de ópera misóginos y de la infinidad de homosexuales que dicen tener relaciones abiertas para maquillar su miedo a la intimidad emocional. Quizás esa decisión y mi entorno, rodeado de infantes de más de treinta años, sea lo que hoy me lleva a concluir que de nuevo me siento solo.

Vivo en mi apartamento con chicos de dos continentes y todos son sucios. En un impulso de abuelito, les imprimí un cronograma en el que deben firmar cada vez que limpian la casa. Me pregunto cómo es que los hombres llegan a los 30s sin tener conciencia de qué es un lugar habitable y qué es una pocilga con aspiraciones a baño público.

Amo a mi familia pero están lejos y siendo completamente sincero, siento que no me conocían del todo. Tampoco creo que se hayan esforzado en conocerme y a estas alturas me da mucha pereza construir algo para lo cual nunca hubo esfuerzo o interés. Sé que leen este blog, lo siento: Los adoro pero éste es mi único espacio para ventilarlo todo.

Me preocupa irme de Alemania por las cotizaciones a pensión. Quiero pensionarme y para eso debo tener unas semanas mínimas en una nación específica. Por otro lado, países como Suiza o Estados Unidos ofrecen mejores oportunidades para el nivel de exigencia laboral que me impongo. Eso sumado a que los doctorados son mejor pagos, hace que cualquiera de los dos me parezca más llamativo.

Los pocos amigos que tengo aquí quieren algo concreto de mí: Que los escuche y sea su psicólogo; que me acueste con ellos y oxigene su relación; o simplemente que les llene la soledad a pesar de que no haya afinidad. Creo que es legítimo tener intereses de una relación humana en la que se invierte tiempo y espacio pero también creo que en la mayoría de los humanos prima el egoísmo y la mentira. 

En mi trabajo el ambiente es aburridor. La empresa no va bien financieramente y se comienzan a sentir los temblores de la crisis. Dos colegas van a ser trasladadas de área y a una de ellas la voy a extrañar particularmente. Siempre hay drama cuando les digo a los líderes de muestreo que han cometido errores y la gente en general, no sabe discutir, ni reconocer cuándo se equivoca.

En vacaciones estoy pensando ir a la playa. Lo sé, soy un privilegiado y me quejo de serlo. Pero quien ha leído este blog también debe saber lo que me costó llegar dónde estoy. Durante la pandemia, tras consumir pastillas para poder dormir, la médico que me atendió me dijo que yo le parecía particularmente valiente por haberlo dejado todo e irme a vivir a un lugar donde no tenía nada. Y sí, soy una persona que alberga muchos miedos pero que la vida ha forzado a ser valiente y enfrentarse al mundo de frente, con todas sus fuerzas.