jueves, 14 de abril de 2011

Charcos rosados

Uno no elige jamás su profesión, esta no era la excepción para el caso de Arturo. Un digno físico atmosférico en el último piso de uno de los edificios más altos de Bogotá mirando con sangre derramándose de su mano al piso. La pistola trasmitía uno a uno de los movimientos desesperados de su muñeca. En medio de la frialdad de la vida y la crueldad de la helada noche se asomaban con timidez algunas estrellas y al fondo titilaba venus con insistencia. Poco a poco recordaba con insistencia el personaje que fue y pudo ser. Al final de ese enorme pasillo negro veía sus clases, cada nota, cada sueño de estudiar clusters... Determinar si había vida en Io o en Europa... Detrás, detrás, detrás de ese sotisficado kid de muerte que cargaba como chelista.


Los carros se movían al ritmo de los atletas, del latir de los deportistas. Una ciudad donde los trayectos duran horas, en la profundidad de la noche se convierte en un autódromo; miraba a su víctima a los ojos, esos enormes ojos azules a los que había despojado el derecho a brillar. Se preguntó los interrogantes prohibidos: ¿tendrá hijos? ¿Tendrá esposa?¿Alguien lo esperará en casa? Cerró con esfuerzo su mirada dio la espalda al horizonte y procedió a escapar sin dejar rastro como era la costumbre.


Una cancha decoraba el paisaje románticamente tétrico de la noche. En ella bailaban los adolescentes de la urbe. Un recuerdo, casi como shock, golpeó sin compasión su memoria: ésos ojos azules, la universidad... Hay cosas que deberían inclusive estar prohibidas para los humanos, entre ellas el recuerdo. Sintió su corazón exaltarse, su cuerpo calentarse y sus mejillas sonrosarse... Lo recordaba a él, de todos sus compañeros quedaron únicamente esos ojos que como lagunas glaciares reclamaban un espacio en la memoria.


Un charco se tornó de color rosado, no entendía bien que sucedía. Su curiosidad innata lo motivó a acercarse, a medida que su tacto sentía el vapor tibio que emitía, pudo percibir el olor a fresas. Un sobresaltó lo trajo a la realidad, todo había sido un sueño. Lo único real, era ese equipo para matar que lo acompañaba cada madrugada. No era la primera vez ¿sería la última? Era como si el pasado le reclamara.

1 comentario:

ClothoBoBardi dijo...

Puff... ¡Me mantuviste en vilo hasta el final! Me gustan muchísimo tus relatos, me encantan... ¡Nunca dejes de escribir! ¡Te echaría de menos una infinidad! ¡Un abrazOOO! :-)