jueves, 19 de diciembre de 2013

Alicia

La carcomía un gusano, eso sentía Alicia acurrucada contra la pared. Una pierna masculina chocaba con torpeza contra la suya y con timidez se retiraba rápidamente. Entre los mil dobleces de las sábanas se oían unos ronquidos y su insomnio la hacía una impedida a la hora de conciliarse con Morfeo.

Ella se deslizaba suave entre las sábanas y de nuevo pensaba en su pasado, en historias hipotéticas donde ella era heroína, un caballero o una mártir por la justicia social. Intentaba mirar la silueta a su derecha ¿pero cómo? Si era un cuartito sin ventanas al horizonte, sólo lo alimentaba la luz de un pasillo triste.

Los perros ladraban desesperados en el humedal que quedaba puertas afuera. La falta de sueño es una lupa que incrementa el tamaño de los detalles: el sonido de una puerta, el vibrar de un celular y la agitación de las puertas con el viento.

La mañana no fue mejor. Una barba con hombre se levantó y se dirigió al baño sin mirar atrás. Ni siquiera me saludó, le inquietaba a la que fuera de las mujeres más poderosas del sector bursátil de Bogotá. Ella se levantó y con nerviosismo intentó compartir la ducha con él; sin embargo, la puerta ya estaba cerrada. Se sonrojó, se quedó parada unos minutos y se devolvió a ese cuartito que parecía una caja de fósforos.

El hombre con olor a una disuelta imitación de Salvatore Ferragano la condujo al paradero del bus. Él no dijo nada durante el camino; conservaba su mirada aterrada y confundida. Las calles eran destapadas, el barrio estaba circundado por un humedal abandonado y miserable. Con aires de superioridad ella agitó la mano y dijo "hasta la próxima, barbudo" y se rió. A pesar de lo que había ocurrido, aún comía caviar con galletas, su piel era uniformemente blanca, su perfume con aroma a inalcanzables orquídeas inglesas y su manera de caminar elegante como la de un venado.

Una lágrima recorrió su mejilla y recordó que las mujeres inteligentes no se enamoran. Aplicó labial rojo escarlata sobre sus labios y los hizo sonar. Mientras se cambiaba frente al espejo de su apartamento, pensó en lo agudas que eran sus curvas. Cerró los ojos, encendió su computador, condujo su enorme auto hasta la Bolsa de Valores y recordó que las brujas sólo salen de noche.

2 comentarios:

Elena P.G. dijo...

Me encantó esta historia tan magníficamente descrita. Y, sobre todo, "una barba con hombre" y "la falta de sueño es una lupa..."

Pd: pues si éso de que las mujeres inteligentes no se enamoran es verdad, yo debo ser una tonta de remate :D

Luz Caroba dijo...

Me gusta cómo acentúas lo impersonal del encuentro al no dar nombres. Me atrae cómo construyes el escudo protector de una mujer que debe recordarse día a día que, para destacar en un mundo masculino,debe renunciar a esa Ella de las noches y poseer las características de una "barba con hombre"... No puedo evitar que esa lágrima me sepa a impotencia, a derrota. BesOs, Vicky.