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domingo, 21 de febrero de 2016

Plegarias Nocturnas - Santiago Gamboa (37/50)



El cónsul de Colombia en Nueva Delhi es solicitado en Bangkok por cuenta de un conciudadano que fue atrapado con narcóticos en la habitación de un hotel. A simple vista un caso de fácil comprensión, hasta que conoce al procesado. Se trata de  Manuel Manrique de 27 años, estudiante doctoral de filosofía. Amante de la estética.

Manuel era un niño que vivía en una familia clase media, con un padre de vestidos brillantes y una madre de palabras venenosas. Olvidado por todos, sufrió una fiebre casi letal y en los ojos de su hermana encontró un amor profundo que lo acompañaría hasta el final. Desarrolló un gusto por pintar sus mundos interiores en las paredes. Y Juana, su hermana, desarrolló gusto por hacerlo cumplir sus sueños.

Un día Juana desapareció misteriosamente. Los años pasaron y comprendió que debía ir a buscarla. Descubre que está en Japón ejerciendo la prostitución. Le ofrecen viajar a cambio de transportar "un encargo".

Juana comenzó haciendo las tareas de sus compañeros para costear los libros de Manuel. Luego fingió ser enfermera. Debía cuidar al señor Echenoz, un anciano aterrizado que le dijo, lo que pocos amigos le dirían a una mujer joven: que usara el poder que poseía, superior al dinero: el sexo. 

Juana inicia su camino de la prostitución. Logra llegar a una agencia dirigida por una exreina de belleza. Seduce a un funcionario de la presidencia de la república. Cambia su benefactor por un cargo más alto: el Secretario del Presidente. Establece relaciones con magistrados y agentes del DAS. Dadas las íntimas relaciones del poder con el narcotráfico, el Secretario del Presidente se vuelve la cortina de humo para no evidenciar la podredumbre del gobierno y ella, una ficha más a quien atrapar.

Entonces Juana decide fugarse a Japón, en donde las prostitutas obtienen menos de lo que trabajan: es una trata de personas. Un escolta iraní decide pagar la deuda de Juana y la lleva a su país, lugar poco apto para mujeres. Allí tiene un hijo pero está atrapada entre velos y costumbres.

El cónsul logra viajar al lugar y brindarle una visa. Le permite escapar para cumplir el sueño de su hermano, volverla a ver. Dado que su hermano nunca se enteró de los logros del cónsul, decide suicidarse en la celda, convencido que nunca la vería y atemorizado por la condena inminente: la pena de muerte.

Juana, una pragmática del poder, pide 4 millones de dólares por su hermano al gobierno Tailándes. Eso después que uno de los hombres involucrados confesara que Manuel no tenía nada que ver. Llena de tatuajes cautiva al cónsul y desaparece.

La historia se cuenta a tres voces, la de Manuel quien relata cómo llegó a estar en esa celda. El otro lado de la historia lo cuenta Juana. Y el intermediario es el cónsul, una especie de héroe compasivo. De los dos libros que he leído de Gamboa, puedo afirmar que tiende a tener una escritura limpia, se logra vislumbrar una preocupación por la estructura del mismo. Los elementos temáticos comunes involucran a Bogotá, como centro de las historias y un ansia por el mundo: la zona desconocida. 

Me gustó la visión de Juana, como una mujer dispuesta a usar sin ningún remordimiento el poder que tenía para lograr lo que deseaba. 


sábado, 17 de octubre de 2015

Una Casa en Bogotá - Santiago Gamboa (29/50)


Santiago Gamboa nació en 1965, en Bogotá. Egresado de literatura de la Pontificia Universidad Javeriana (un centro universitario de jesuitas), emigró a Europa en dónde se graduó de Filología Hispánica de la Universidad Complutense de Madrid. En la Universidad de Sorbona, en París, estudió literatura cubana. Dentro de sus obras destacan "El Síndrome de Ulises", "Perder es Cuestión de Método" y "Necrópolis".

"Una Casa en Bogotá" se desarrolla en Bogotá, en una de las zonas que por estos días se ha conectado a mi corazón: Chapinero Alto. El protagonista es un filósofo que describe se ha ganado un premio por una disertación académica. Con el dinero recibido, compra la casa de sus sueños: antigua y con un estilo sobrio.

El libro se estructura en las fases del trasteo y las zonas de la casa. Estas etapas son una excusa para contar la historia de una tía con una personalidad fuerte que sirvió al servicio diplomático; Tránsito, hermana de un guerrillero que ha acompañado toda su vida a la familia; y Abundio, el conductor, compañero de aventuras del protagonista al submundo de la ciudad.

Marcado por un incendio en la casa de su infancia y la muerte de sus padres, el protagonista procura no establecer relaciones profundas con mujeres (es heterosexual) y busca descubrir los rincones de la ciudad de la mano del conductor: asiste a una fiesta neonazi con espectáculos transexuales y homoeróticos, presencia un show en el que despiden a una muerta con un rito necrófilo, se adentra al sur y el miserable mundo del cual lo separan los muros de su castillo.

Con un tono sencillo, abarca la complejidad de lugares de Bogotá (y el mundo), diserta sobre la cotidianidad y cuenta una historia personal. Disfruté leyéndolo.