lunes, 17 de mayo de 2010

Hay que decirlo.

A veces hay que decir, lo que hay que decir. Callar con respecto a lo que viven algunos seres de la tierra no tiene otro nombre aparte de impunidad.
Es notorio que comemos carne diariamente, que muchos caninos pasan por nuestro lado llenos de barro, es evidente que los proyectos de gobierno no los incluyen en sus reformas y que aquellos que quieren un reconocimiento de otros seres no humanos dentro de la ley son llamados "extremistas o compasivos". No se equivocan algunos al decir que los "animales" son las mujeres del siglo XXI, digo mujeres porque viven una situación muy similar a la que ellas vivieron tiempo atrás. Se los considera seres sin alma, inferiores, sin valor, sin derechos, objetos y todo adjetivo que otorge el privilegio de torturarlos.
Todo es normal hasta que alguien alza la voz y dice, las cosas no funcionan así. Pocos pueden decir que nunca en su vida han comido carne, éstos mismos tampoco pueden afirmar haber visto el proceso que implica el llegar a la mesa de esos restos mortuorios. Más de mil reses y cerdos son llevados al matadero diariamente. No sería menos hipócrita hacer mataderos con vidrios transparentes ¿no afirmaban hace un rato que no tienen alma? Sé que la mayoría lo ignora, pero es tiempo de despertar a muchas cosas.
La historia de amor que tenemos con los animales es histórica, sin embargo da la impresión que nos es imposible reconocerlos como seres dignos de nuestro reconocimiento legislativo, ejecutivo y judicial. Parece que la sociedad necesita holocaustos para darse cuenta lo que se siente ser maltratado. La soledad que ha construido la especie humana a su alrededor lo ha hecho ciego, sordo, mudo y sobre todo duro de corazón, que es lo mismo que estar muerto.
Las grandes urbes han devorado gran parte de la dignidad del hombre y la mujer (entiéndase como se entienda dignidad) pero eso no es lo más triste, lo más desolador, es que traigan especies de seres extranjeros sólo para botarlos en las calles y cañerías a vivir en un desierto de amor. La bajeza se expresa en los actos, algunos no lo saben, pero las ciudades en Colombia tienen destinado un sistema de aniquilamiento masivo de perros y gatos callejeros, dizque para proteger la salud de los habitantes. La verdad es que siempre la sangre ha causado misterio a las comunidades y derramarla por medios violentos la mayoría del tiempo ha sido una opción.
¿alguna vez has tenido un animalito?¿te has preguntado qué desea?¿siente como tú?¿llora como tú?¿cuando lo miras a los ojos sientes ese brillo que siento yo, que nos hace tan diferentes, pero tan iguales? A veces pienso que lo nos hace a todos de la gran especie terráquea es la mirada.
Yo también he cometido muchos errores imperdonables, pero tengo algo claro y es que son eso "errores imperdonables en la memoria". Pájaros en jaulas, gallinas en proyectos de exterminio masivo, vacas separadas de sus hijos, animales de carneo ¿aún crees que exageran quienes piden un mejor trato? La verdad no, no exageran, los exagerados son los ciegos.
La idea no es encontrar un culpable, tampoco poner el dedo en la yaga, sin embargo aunque nos duela la entraña más desconocida, algo es cierto: es posible encontrar un culpable y una víctima.
Los humanos tienen la capacidad de crearse a sí mismos a través de sus pensamientos, de sus palabras y de sus actos, si se mata diariamente, si el ignorar es ley, si el dolor es una exigencia social ¿cómo se están creando?
Mañana el sol con más fuerza despertará, tal vez nosotros no, ellos sí. Es una verdad biológica casi innegable, herederos del planeta, sólo seremos recuerdos para ellos. Merecedores del cariño o del odio asumiremos nuestro destino en el altar del pasado.

2 comentarios:

Garsil dijo...

Buenas tardes...La sociedad violenta,
cada una en la historia se muestra,
no muy lejos el Concilio de Trento,
pobres los indígenas,
todas son la muerte lenta.
Es mi primera visita, te felicito. Garsil

SERGIO AZNAR dijo...

Hola a Bogotá desde el otro lado del Atlántico.

Gracias por haber aterrizado por lamesademibar de no se que extraordinaria manera que sólo este extraño elemento que es la red sabe y por los que nos permite conocer espacios a los que uno seguro volverá, como este en el que he leído, disfrutado, reposado y vivido unos minutos de mi noche española.