miércoles, 1 de enero de 2014

En otra vida debiste haber conocido castillos rodeados de lavanda. Percibiste fuego: el azahar de las naranjas en primavera; distopías sumergidas en oraciones, la roca labrada en monasterios y sueños cultivados con agua de río.


En otros pies caminaste sin mirar nunca a los lados. Tu mundo era aquel pueblo de tapia pisada; suenan las campanas: el cosmos termina en las montañas. Los domingos crujen como avena y susurran voz de lobos. Arremolinábase el cabello entre las aspas.  



Sabes de siglos sin letargos, sin angustias y sin miedos... Lagos inmensos en Como o en Noruega de latinos y vikingos. Susurrabas idiomas de gramáticas olvidadas, tu nombre era un anagrama de Dios y en tu piel selvática estaba tatuado el universo.


2 comentarios:

Elena P.G. dijo...

Tantas vidas vividas tienen que reflejarse en la mirada, en la piel, en las pisadas...

Luz Caroba dijo...

He sentido los deliciosos aromas que citas, y el del incienso, y el del verdor humedecido por el rocío de la mañana. He sentido los colores, las texturas de la tierra, de la madera, de la roca. Gracias por un inicio de año sinestésico, Vicky. Te deseo todo lo mejor en este 2014. ¡BesOs!