viernes, 24 de enero de 2014

La Arena

Recuerdo que amaba jugar en la arenera de mi conjunto residencial. No importaba que las uñas se me desgastaran y que llegara sucio a mi casa. Yo era minero, dueño de castillos, gobernador de ciudades y gerente de empresas. Estos días recuerdo con mayor intensidad esa noche en la que jugaba con uno de mis compañeros y comenzó a llover. No había nada fuera de lo común salvo que era de noche y estábamos empapados; sin embargo, no sé cómo, ni por qué sentí que era yo mismo. Jugaba con naturalidad con un medio desconocido y no tenía miedo... Era yo: no estaba nervioso, no tenía dudas, no temía la imagen que proyectaba... Era yo.

3 comentarios:

Elena P.G. dijo...

¡Jugar con la arena te reveló en toda tu plenitud!

ClothoBoBardi dijo...

Me hiciste recordar mi infancia saltando por los charcos que se formaban en la tierra del patio del cole. ¡Me encantaba!

ke dijo...

Entonces: ¡a regresar a la arena! O a la arcilla, a hundir las manos en el barro...